Uno de cada siete alumnos de secundaria dice conocer algún caso de acoso escolar o ciberbullying en su propia clase, y la mayoría de las familias solo se entera cuando el problema ya lleva meses. El acoso escolar en la adolescencia rara vez se ve a simple vista: tu hijo sigue yendo a clase, contesta «bien» cuando le preguntas qué tal el día, y por dentro se siente cada vez más solo. El último informe de la Fundación ANAR y la Fundación Mutua Madrileña confirma que el acoso escolar y el ciberbullying siguen siendo un problema real en las aulas españolas. Soy María, pediatra especialista en Medicina de la Adolescencia y madre, y en este artículo te explico cómo reconocerlo, qué hacer si le ocurre a tu hijo y cómo acompañarle para que recupere la tranquilidad.

Pasillo vacío de un instituto con una mochila escolar apoyada sola contra las taquillas, imagen simbólica del acoso escolar en la adolescencia

En este artículo

Qué es el acoso escolar en la adolescencia

El acoso escolar es una violencia repetida e intencionada, con un claro desequilibrio de poder entre quien agrede y quien la sufre, que se mantiene en el tiempo dentro o fuera del aula. Esto lo diferencia de una pelea puntual o un roce entre compañeros: una discusión aislada, por desagradable que sea, no busca someter a nadie de forma continuada.

Según los datos del informe citado, las formas más frecuentes de acoso presencial son los insultos, motes y burlas (86,4% de los casos), el aislamiento o la exclusión del grupo (43,5%), la difusión de rumores (32,7%), las amenazas (31,9%), los golpes o patadas (29,7%) y el robo o la rotura de objetos personales (19,8%). En uno de cada tres casos participan dos o más agresores, lo que hace que el adolescente se sienta todavía más indefenso.

Hoy el acoso casi nunca se queda en el patio del instituto: continúa por WhatsApp, TikTok o Instagram en forma de ciberacoso, muchas veces las 24 horas del día. Si quieres profundizar en esta vertiente digital, tengo artículos específicos sobre ciberadicciones en adolescentes y sobre sextorsión en adolescentes, otra forma de violencia digital que a veces se entrelaza con el acoso escolar.

Cuántos adolescentes sufren acoso escolar en España

Un 14,1% del alumnado español afirma conocer casos de acoso escolar y/o ciberbullying en su clase, frente al 12,3% del curso anterior. El acoso presencial afecta al 7,9% del alumnado (6,5% antes), una cifra que sitúa a España por debajo de Francia (9,1%) pero por encima de Alemania (6,9%), Portugal (5,3%) e Italia (5,1%). El ciberbullying, por su parte, afecta al 3% del alumnado, con una media de 2,1 víctimas por clase, y un 3,2% sufre ambos tipos de acoso a la vez.

Las chicas son mayoría entre las víctimas: un 60,7% en el acoso presencial y un 54,5% en el ciberbullying. Y preocupa especialmente la duración: en el acoso presencial, un 27,6% de los casos supera el año de duración, y un 41,2% se prolonga durante meses. En el ciberbullying, además, la inteligencia artificial ya se usa en el 23,5% de los casos (frente al 14,2% del curso anterior) para fabricar vídeos falsos a partir de fotos reales, manipular la voz o suplantar la identidad del adolescente.

Por qué casi nunca es «culpa» de quien lo sufre

Cuando les preguntan por qué acosan a un compañero, los agresores suelen señalar el aspecto físico (78,9%), la cultura, raza o religión (54,9%), algo que la víctima hace o dice (50,3%), el olor o la falta de higiene (45,6%), la orientación sexual (43%) o problemas personales como una discapacidad o una dificultad de lenguaje (34,7%). Como ves, el motivo cambia, pero el patrón es siempre el mismo: cualquier diferencia sirve de excusa. Por eso, si tu hijo sufre acoso, el problema nunca es lo que él o ella es o hace, sino la dinámica de grupo que decide señalarlo.

Señales de alerta que puedes observar en casa

Tu hijo probablemente no te lo contará de forma espontánea, así que conviene fijarse en los cambios:

  • Emocionales: tristeza, irritabilidad, llanto sin causa aparente, ansiedad o una caída brusca de la autoestima.
  • De conducta: no querer ir al instituto, inventar dolores para quedarse en casa, aislarse de sus amigos, abandonar aficiones o bajar de repente el rendimiento académico.
  • Físicas: dolores de cabeza o de barriga sin causa médica, dificultad para dormir, cambios en el apetito.
  • Digitales: esconder el móvil, salir de grupos de WhatsApp de golpe, alterarse con cada notificación o evitar el móvil por completo.

Ninguna señal por sí sola confirma que exista acoso, y pueden deberse a otras causas. Lo importante es que un cambio brusco y mantenido merece una conversación tranquila, sin interrogatorio. Si necesitas ayuda para valorarlo, en mi consulta para adolescentes dedico el tiempo necesario para escuchar a toda la familia.

Por qué muchos adolescentes no cuentan que sufren acoso

La vergüenza es el principal motivo: muchos adolescentes piensan que, si lo cuentan, quedarán como «el raro» o «la rara» delante de sus padres, además de delante de sus compañeros. A eso se suma el miedo a las represalias del grupo, el miedo a ser tachado de «chivato» y, a veces, la sensación de que contarlo no servirá de nada o de que le quitarán el móvil como castigo. Entender esto es clave para no reaccionar con enfado cuando por fin se atreve a hablar.

Madre conversando con calma y cercanía con su hija adolescente en el sofá de casa, mostrando apoyo ante una posible situación de acoso escolar

Lo que me enseñó una paciente que salió del acoso escolar

Hace un tiempo llegó a mi consulta una adolescente de 14 años que llevaba meses sin querer ir al instituto, con dolores de barriga casi a diario y las notas en caída libre. Su madre estaba desorientada: nadie en el colegio le había dicho nada y su hija, cuando le preguntaba, respondía que «todo bien». Poco a poco, en varias sesiones, fuimos entendiendo que llevaba casi un curso entero recibiendo motes y siendo excluida de su grupo de amigas, también por WhatsApp.

Trabajamos de forma conjunta con la familia y con el centro, que activó su protocolo de convivencia en cuanto se le trasladó la situación con detalle. No fue inmediato, pero sí progresivo: cambió de grupo de clase, retomó el contacto con una amiga de un curso anterior y, con el tiempo, volvió a sonreír al entrar por la puerta de casa. En una de sus últimas revisiones me dijo algo que resumía muy bien el proceso: «Ahora sé que no era yo la que estaba mal, era lo que me estaban haciendo». Historias como esta son las que me recuerdan por qué merece la pena actuar pronto y acompañar sin juzgar.

Qué hacer si tu hijo sufre acoso escolar

Cuando una familia se entera de que su hijo sufre acoso escolar, el primer impulso suele ser llamar directamente al otro menor o a sus padres. Antes de nada, respira y sigue estos pasos:

  1. Escúchale sin juzgar y agradécele que te lo haya contado; dile con claridad que no tiene la culpa de lo que le está pasando.
  2. No le quites el móvil como «solución» ni minimices lo que siente con frases como «son cosas de chavales».
  3. Si hay ciberacoso, guarda pruebas: capturas de pantalla, fechas y nombres de usuario, sin responder ni reenviar nada.
  4. Habla con el centro educativo y pide por escrito que active el protocolo de convivencia o acoso escolar correspondiente.
  5. Solicita un seguimiento concreto de las medidas adoptadas y de los plazos para revisarlas.
  6. Busca apoyo profesional —pediatra de la adolescencia, psicología— para trabajar el impacto emocional, no solo el problema en el instituto.

Y, por el mismo motivo, evita enfrentarte tú solo o sola al otro menor o a su familia: puede escalar el conflicto y dejar a tu hijo en peor posición dentro del grupo. El cauce es siempre el centro educativo, y si no responde, las instancias educativas o legales que correspondan.

Consecuencias del acoso escolar si no se trata

El acoso escolar mantenido en el tiempo puede derivar en ansiedad, síntomas depresivos, una autoestima muy dañada, aislamiento social y, en la adolescencia, también en absentismo o incluso abandono escolar. El rendimiento académico suele resentirse, no porque el adolescente «no se esfuerce», sino porque su cabeza está ocupada sobreviviendo al día a día en el instituto.

En los casos más graves pueden aparecer pensamientos de hacerse daño. Si tu hijo dice que no quiere vivir, se autolesiona o lo notas en riesgo, no esperes: llama al 112 o al 024, la línea de atención a la conducta suicida, y acude a urgencias. Después, busca acompañamiento profesional continuado. La buena noticia es que, cuando se interviene a tiempo —en el centro, en casa y, si hace falta, en consulta—, la mejoría suele ser clara y sostenida.

El papel del centro educativo y los protocolos de actuación

Los centros educativos tienen la obligación, recogida en la normativa de convivencia escolar de cada comunidad autónoma, de contar con un protocolo de actuación frente al acoso escolar y de activarlo ante una sospecha fundada, no solo ante una certeza absoluta. Ya en 2015 reflexionaba en este blog sobre por qué los centros escolares tienen que estar preparados para tratar el acoso escolar y el ciberacoso, y sigue siendo igual de necesario hoy.

El «acoso escolar» como tal no es una figura única del Código Penal español, pero muchas de las conductas que lo componen sí pueden ser constitutivas de delito: amenazas, lesiones, coacciones o, si media discriminación por razón de origen, orientación sexual o discapacidad, un delito de odio. Si el protocolo del centro no se activa o las medidas no son suficientes, conviene asesorarse con un profesional del derecho especializado en menores para valorar los siguientes pasos.

Cómo prevenir el acoso escolar desde casa

La prevención no consiste en vigilar cada minuto del instituto, sino en construir una relación en la que tu hijo sepa que puede acudir a ti pase lo que pase.

  1. Habla de ello antes de que ocurra. Explícale qué es el acoso y qué puede hacer si lo ve, lo sufre o participa en él sin darse cuenta.
  2. Refuerza la empatía y el respeto a la diferencia en las conversaciones cotidianas de casa, sin sermones.
  3. Cuida el vínculo diario: comer juntos, tener tiempo de calidad y escuchar sin juzgar es lo que hace que confíe en ti cuando algo va mal.
  4. Anímale a actuar si ve que acosan a otro compañero —pedir ayuda a un adulto cuenta tanto como intervenir— y reconoce su valentía si lo hace.
  5. Vigila también el terreno digital: revisad juntos la privacidad de sus redes y habladlo con naturalidad, como cuento en mi artículo sobre ciberadicciones en adolescentes.
  6. Mantén el contacto con el centro y con otras familias; muchas veces la información circula antes por el grupo de padres que por el propio instituto.

Si te interesa seguir profundizando en esta etapa, en el blog tienes también artículos sobre la transición a la adolescencia y sobre cómo es mi consulta para adolescentes.

Preguntas frecuentes sobre el acoso escolar en la adolescencia

¿Qué diferencia hay entre una pelea puntual y el acoso escolar?

El acoso es reiterado en el tiempo y busca someter a quien lo sufre, con un claro desequilibrio de poder. Una pelea o un roce puntual, aunque sea desagradable, no se repite con esa intención.

¿A qué edad es más frecuente el acoso escolar?

Puede darse desde edades tempranas, pero en secundaria los insultos y motes son incluso más frecuentes que en primaria, y el ciberacoso se dispara al generalizarse el uso del móvil propio.

¿Qué hago si mi hijo me cuenta que sufre acoso escolar?

Escúchale con calma, dile que no tiene la culpa, guarda las pruebas si las hay y ponte en contacto con el centro para que active su protocolo de convivencia. Busca también apoyo profesional si notas que el impacto emocional es importante.

¿Es delito el acoso escolar en España?

No existe un único delito llamado «acoso escolar», pero conductas como las amenazas, las lesiones, las coacciones o un delito de odio por discriminación sí pueden perseguirse penalmente, al margen de las medidas que adopte el propio centro.

¿Cómo debe actuar el instituto ante un caso de acoso escolar?

Debe activar su protocolo de convivencia o acoso escolar en cuanto haya una sospecha fundada, informar a las familias implicadas y adoptar medidas de protección para la víctima mientras se investiga, con un seguimiento posterior.

¿Son lo mismo el acoso escolar y el ciberacoso?

No exactamente. El acoso escolar ocurre en el entorno presencial del centro, mientras que el ciberacoso se produce a través del móvil o las redes sociales. Hoy, sin embargo, ambos suelen solaparse: el acoso que empieza en el patio continúa por WhatsApp o TikTok.

¿Cómo sé si mi hijo sufre acoso y no me lo cuenta?

Fíjate en cambios bruscos y mantenidos: tristeza, rechazo a ir a clase, aislamiento, dolores sin causa médica o alteraciones con el móvil. Ninguna señal es concluyente por sí sola, así que lo mejor es hablar con él sin presionar.

¿Necesitas apoyo? Estoy aquí

Si crees que tu hijo puede estar sufriendo acoso escolar, o si ya lo sabes y no encuentras por dónde seguir, no tienes que afrontarlo solo. Acompaño a las familias sin prisas, con tiempo para escuchar. Atiendo en el Hospital Ruber Internacional (C/ de La Masó, 38, Madrid) y online desde cualquier parte del mundo.