Ayer, tuve la inmensa suerte de poder participar en las “Jornadas de Infancia y Adolescencia” organizadas por el Defensor del Pueblo Andaluz cuyo eje central era “ser niña o niño hoy en Andalucía”.

Cuando me propusieron participar sobre la intervención del área de salud en la violencia entre iguales, pensé que aunque es imprescindible conocer los protocolos para poder actuar que había llegado el momento de la auto crítica porque es el mejor modo de avanzar y crecer. Así que dando un giro de 180 grados se transformó en “La historia de Tania: ¿qué hicimos mal?”. El abordaje multi e interdisciplinar es crucial en cualquier tipo de violencia. Hay que garantizar que el/a niño/a reciba la misma ayuda y asistencia sea cual sea su puerta de entrada al sistema: centro escolar, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, sanidad, servicios sociales o sus padres. Todos tenemos que saber cómo actuar y coordinarnos de forma adecuada para evitar un maltrato institucional.

Os dejo con Tania…

Febrero

La historia de Tania comienza cuando tiene 13 años. Su madre la define como una niña cariñosa, comprometida, responsable, buena, sincera… Cree que es pasión de madre, pero le ve pocos defectos, tan solo que siempre fue un poco cabezona y perfeccionista, y desde hace un año y pico un poco más de lo normal “está adolescente”.

Tiene dolor de barriga y de cabeza, ha perdido más de 10 kg desde el inicio de 2º de la ESO, el dolor es tan intenso que le impide ir al colegio. La ha visto su pediatra, un gastroenterólogo y un neurólogo infantil; le han hecho análisis de todo tipo, TAC craneal, eco abdominal y hasta una endoscopia digestiva, “todo es normal y no me pasa nada, según los médicos” dice Tania.

Sus padres están seguros de que no está bien “nos preocupa el dolor de cabeza y de barriga que la tiene atormentada, triste, agobiada”; “ya no queda con los amigos, ni siquiera con las compañeras de waterpolo”; “lo único que hace es estar todo el día con el teléfono, no se relaciona con nadie, tampoco con nosotros”; “esta no es nuestra hija”.

A Tania le han obligado sus padres a venir a la consulta; contesta con monosílabos, parece triste, no sonríe y es poco colaboradora.

Tras varias consultas

Es capaz de contar que sus compañeros, desde finales de 1º de la ESO, la llaman: “empollona, cuatro ojos, calculadora, gorda, foca…”. Tania dice que así empezó todo, pero pronto llegaron los momentos de silencio, nadie quería estar con ella en los recreos e incluso dejó de salir porque nadie cuenta con ella desde que tuvo que salirse del grupo de Whatsapp. Dejó de comer porque pensó que si ya no estaba gorda volverían a quedar con ella. Ahora ha perdido el control de su vida, de sus emociones y de la comida. Intenta comer todo lo sano que puede y si se pasa hace ejercicio a escondidas, odia su cuerpo.

El contacto con el centro escolar

Es un centro privado y no atienden a nuestras llamadas, así que decidimos hacerlo por escrito y contactamos con participación ciudadana. El centro no tenía plan de convivencia, tenían escasa formación y miedo porque no sabían cómo actuar. Trabajamos juntos.

Tania sigue luchando

El acoso cesó, su anorexia es una enfermedad que le acompaña desde hace más de dos años. “Ya sé que la comida no es el problema, ni tan siquiera mi cuerpo”. “La comida era el lugar donde enterraba mis miedos y mis angustias”. “Estoy mucho mejor pero aún me queda un camino largo por recorrer”.

¿Qué ha fallado?

  • La detección precoz: el diagnóstico llegó demasiado tarde, cuando ya había aparecido una complicación médica; su TCA.
  • La descoordinación: provoca un retraso en el diagnóstico y un maltrato institucional.
  • La prevención: la importancia de la disciplina positiva, fomentar la convivencia, educación emocional y en valores, la importancia del apego y el vínculo en la familia, ser ejemplo…

Un documental para reflexionar

Gritos de silencio.
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Hoy he participado en unas jornadas organizadas por el defensor del pueblo andaluz en Sevilla. Aquí os dejo mi presentación sobre la historia de Tania.